Musique Espagnole

Bailaores

La Argentinita

1895 – 1945

La Argentinita
Wikimedia Commons

¿Quién es La Argentinita?

Encarnación López Júlvez, La Argentinita, nació en Buenos Aires en 1895, hija de padres españoles que regresaron a Madrid cuando ella tenía seis años. Empezó a actuar en fiestas privadas desde los siete años y, hacia los doce, ya se presentaba como niña prodigio en salones de variedades madrileños. Se formó en las academias de Manuel Fontanilla y de Julia Castelao, en la calle Olivares de Madrid, y debutó formalmente a los ocho años en el Teatro Circo de San Sebastián.

Trayectoria

Durante los años veinte actuó en escenarios madrileños como La Latina, el Príncipe Alfonso, la Comedia, la Princesa y el Apolo, y a partir de 1929 llevó su arte a París y Berlín. En 1932 estrenó su propia compañía con ballets folclóricos como “Las calles de Cádiz” y “El Café de Chinitas”, con artistas como La Macarrona, La Malena y Antonio de Triana, su pareja artística hasta 1941; después bailó junto a Federico Rey y, desde 1942, junto a José Greco. Fue una figura muy próxima a la Generación del 27: colaboró con Federico García Lorca, con quien grabó en 1931 un disco de canciones populares españolas con el poeta al piano, y también con Rafael Alberti y Salvador Dalí, este último como diseñador de algunos de sus montajes.

Especializada en tangos y bulerías flamencos, además de boleros y bailes de palillos, fue ampliando su repertorio con canciones del siglo XVIII y piezas de Lope de Vega junto a tradiciones populares de toda España. Triunfó de forma sonada en Estados Unidos, donde presentó “El Café de Chinitas” en el Metropolitan Opera House en 1943, de la mano de empresarios como Sol Hurok.

Estilo

Su baile buscaba una línea pura, alejada de “retorcimientos” superfluos, con un enfoque a la vez poético y dramático que ponía la técnica al servicio de la emoción. Su hermana fue la también bailaora y coreógrafa Pilar López, con quien compartió esa misma sensibilidad por la danza española de raíz popular.

Legado

Ofreció su última actuación el 28 de mayo de 1945 en el Metropolitan Opera House con “Capricho español”, de Falla, y murió pocos meses después, el 24 de septiembre de ese mismo año, en Nueva York. Recibió honores póstumos como las medallas de Alfonso el Sabio e Isabel la Católica, y aquel teatro neoyorquino conserva una placa en su memoria.