Musique Espagnole

Cantaores

Antonio Chacón

1869 – 1929

Antonio Chacón
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¿Quién es Antonio Chacón?

Antonio Chacón García nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1869, hijo adoptivo del zapatero Antonio Chacón Rodríguez y de María García Sánchez. Está considerado el primer cantaor payo —es decir, no gitano— que dio a conocer al gran público la escuela del cante flamenco, en un momento en el que este arte estaba todavía dominado casi en exclusiva por las grandes familias gitanas.

Se formó escuchando con devoción a Manuel Torre, contemporáneo y compañero suyo en muchos escenarios, y de esa admiración surgió un estilo propio caracterizado por una voz rica en matices y una notable capacidad de innovación técnica, que influiría en generaciones posteriores de cantaores.

Trayectoria

Chacón desarrolló su carrera en plena edad de oro del flamenco, convirtiéndose en uno de los artistas más solicitados de su tiempo. Su fama trascendió los cafés cantantes para llegar a los salones de la aristocracia española, donde llegó a actuar incluso ante la familia real en el propio palacio, algo excepcional para un cantaor de su época. A lo largo de su trayectoria contó con el acompañamiento de guitarristas de la talla de Ramón Montoya y Perico el del Lunar, con quienes desarrolló buena parte de su repertorio más innovador.

Palos y discografía

Se especializó en malagueñas, granadinas, seguiriyas y mineras, y su aportación más recordada fue la creación de la “media granadina”, una forma abreviada del fandango de Granada que introdujo variaciones propias respecto al modelo tradicional. Esa capacidad de innovar dentro de los cantes de su especialidad es la base de la escuela que llevaría su nombre y que marcaría a numerosos cantaores posteriores, que adoptaron tanto su técnica vocal como su manera de entender la interpretación.

Legado

Murió en Madrid en 1929. Su funeral fue una ceremonia de gran repercusión, presidida por el Duque de Medinaceli, en la que su cuerpo fue trasladado en un lujoso féretro negro llevado por un carruaje tirado por seis caballos hasta el cementerio de La Almudena. Amigos y compañeros de profesión cantaron en su memoria antes de darle sepultura, un cierre a la altura de una de las figuras más influyentes de la historia del cante, de quien se dice que dejó tras de sí una gran escuela y quedó consagrado como uno de los grandes maestros del flamenco.