Antonio Molina

¿Quién es Antonio Molina?
Antonio Molina de Hoces nació el 9 de marzo de 1928 en el barrio malagueño de Huelín, conocido popularmente como “de las fatigas”, en el seno de una familia humilde. Desde los diez años tuvo que trabajar en oficios muy distintos —reparto de leche, cuidado de cerdos y conejos, camarero, aprendiz de tapicero— antes de poder dedicarse a la música, lo que dio forma a un carácter tenaz y muy ligado a sus orígenes populares.
Siendo camarero, el maestro Legaza lo escuchó cantar y quedó tan impresionado que decidió convertirse en su mentor, animándolo a formarse en una academia de interpretación musical y abriéndole las puertas del oficio. Con apenas catorce años se trasladó a Madrid en busca de oportunidades, un paso decisivo que marcaría el arranque de su carrera artística.
Trayectoria
El punto de inflexión llegó en 1949, cuando con diecinueve años ganó un concurso de Radio España dotado con 150 pesetas y un viaje, un premio modesto que sin embargo le franqueó el acceso a su primer contrato discográfico con un sello barcelonés. Entre 1951 y 1952 grabó títulos como “El agua del avellano” y “El macetero”, y ese mismo año debutó en el cine con la película homónima “El macetero”. En 1952 se presentó en el madrileño Teatro Fuencarral con el espectáculo “Así es mi cante”, y dos años más tarde estrenó producción propia, “Hechizo”, en el Teatro Calderón.
Entre 1956 y 1967 recorrió España y América con espectáculos de gran formato, llegando a ser uno de los primeros artistas en actuar ante públicos de más de diez mil personas en plazas de toros reconvertidas en escenario. Formó pareja artística con Juanito Valderrama durante años y contó en sus grabaciones de los años cincuenta con la guitarra de Niño Ricardo. Se retiró por primera vez en 1967, reapareció brevemente en 1986 con “Adiós mi España” y puso fin definitivo a su carrera en 1989.
Palos y discografía
Su repertorio fue extraordinariamente amplio y abarcó tanto el cante flamenco como la copla y la canción española: alegrías, serranas, verdiales, pregón, colombianas, milongas, seguiriyas, fandangos, fandanguillos, guajiras, tonadilla y cuplé, todo ello sostenido por un falsete inconfundible y de técnica prácticamente inagotable. A lo largo de su trayectoria llegó a grabar más de mil títulos, entre ellos éxitos como “Soy minero”, “Adiós España”, “Yo quiero ser matador”, “Caballito bandolero” o “La estudiantina”. El cine terminó de consagrarlo como estrella popular con películas como “El pescador de coplas” (1953), “Esa voz es una mina” (1955), “Malagueña” (1955), “La hija de Juan Simón” (1956), “Café de Chinitas” (1957) o “El Cristo de los Faroles” (1957).
Legado
En 1989, ya diagnosticado de fibrosis pulmonar, recibió un Disco de Platino como reconocimiento a toda su carrera; siempre atribuyó el deterioro de su voz a cuarenta años de esfuerzo vocal continuado más que a otros hábitos. Falleció en Madrid el 18 de marzo de 1992. Su influencia se prolongó en el tiempo a través de cinco de sus ocho hijos, que siguieron el camino de la música, y de su nieta Olivia Molina, actriz, prolongando así una auténtica dinastía artística que sigue vinculada a su figura.