La Piriñaca de Jerez
¿Quién es La Piriñaca de Jerez?
Ana Blanco Soto, conocida como La Piriñaca de Jerez o Tía Anica La Piriñaca, nació el 11 de abril de 1899 en Jerez de la Frontera. El apodo familiar de “Piriñaca” procedía de su padre, y lo compartía con sus hermanos, también cantaores: El Enano y El Gachó. Creció, por tanto, en un ambiente donde el cante era una práctica habitual dentro de la familia y del barrio.
Pese a esa herencia, Ana Blanco no se planteó nunca el cante como oficio mientras vivió casada: cantaba en el círculo íntimo de su entorno, sin ninguna vocación pública, algo bastante común entre las mujeres de su generación en los barrios gitanos jerezanos.
Trayectoria
Se formó en el ambiente de las reuniones íntimas de las ventas jerezanas, en particular en la Venta de San José, donde coincidió con figuras como El Borrico, El Serna, El Troncho y El Brenes, y más tarde también cantó en la Venta de El Morito. No se dedicó al cante de manera profesional hasta la muerte de su marido, a comienzos de los años cincuenta, momento en que su voz empezó a salir del círculo familiar hacia un público más amplio.
Sus primeras grabaciones llegaron de la mano de Antonio Mairena, que la incluyó en la “Antología del cante flamenco y cante gitano”, y posteriormente participó en el “Archivo del cante flamenco”. A lo largo de los años contó con guitarristas de la talla de Manuel Morao, Parrilla de Jerez, Diego Carrasco y Juan Moreno, y llegó a grabar también dos discos en solitario.
Palos y discografía
Su repertorio se centraba en las soleares y seguiriyas heredadas de Tío José de Paula, uno de los grandes maestros de la escuela jerezana, además de tientos, martinetes, tonás y deblas. Fue también una de las grandes intérpretes de bulerías de su tierra, siempre fiel a los estilos más genuinos y menos exhibicionistas del barrio de Jerez.
Legado
En 1985 recibió un homenaje público de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces durante el Festival de la Bulería, reconocimiento a una trayectoria dedicada a preservar la tradición gitana de su ciudad. Murió en su Jerez natal el 4 de noviembre de 1987, dejando el recuerdo de una de las voces más puras y auténticas de la escuela jerezana, considerada por muchos aficionados una verdadera “emperaora” de la bulería.