Musique Espagnole

Cantaores

Porrina de Badajoz

1924 – 1977

Porrina de Badajoz
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¿Quién es Porrina de Badajoz?

José Salazar Molina, conocido artísticamente como Porrina de Badajoz, nació en 1924 en la capital pacense. Creció en una familia volcada por completo en el cante y el baile, hasta el punto de que su casa era conocida popularmente como “Villa Rosa” por las constantes reuniones flamencas que allí se celebraban. Ese ambiente familiar fue el caldo de cultivo en el que se formó su afición y, más tarde, su oficio como cantaor.

Con el tiempo, varios de sus descendientes —entre ellos su hijo Juan Salazar— continuaron su legado dentro del flamenco extremeño, dando lugar a una pequeña saga familiar ligada al cante de la región.

Trayectoria

Siendo aún joven se trasladó a Madrid, ciudad en la que desarrolló buena parte de su carrera y donde alcanzó una popularidad notable, tanto en los escenarios como, más adelante, en el cine, medio en el que llegó a participar en varias películas. Contó con el acompañamiento de guitarristas de la talla de Ramón Montoya, uno de los grandes renovadores de la guitarra flamenca del siglo XX, lo que da idea del nivel artístico en el que se movía.

A través de sus actuaciones y de sus incursiones cinematográficas contribuyó de forma decisiva a sacar el cante extremeño de su ámbito regional y darlo a conocer a públicos que hasta entonces apenas lo conocían, convirtiéndose en el gran embajador de este estilo fuera de Extremadura.

Palos y discografía

Porrina de Badajoz está considerado el cantaor más importante que ha dado Extremadura. Su voz, clara y dulce, le permitía extraer matices de una belleza poco frecuente en jaleos extremeños, tangos, fandangos y bulerías. Desarrolló un estilo personal y renovador, calificado por los estudiosos del género como prácticamente inimitable; su fandango “Gitano y de Badajoz” se convirtió en pieza de referencia dentro del repertorio extremeño.

Legado

Elegante y reconocible por llevar siempre un clavel rojo en la solapa, Porrina de Badajoz falleció en Madrid en 1977. Su memoria sigue viva en su tierra: un monumento erigido en la plazuela de la Soledad de Badajoz le rinde homenaje como el gran referente del cante extremeño, una figura fundacional cuya huella perdura en las generaciones posteriores de artistas de la región.