Cantes de trilla
Los cantes de trilla son un estilo campero aflamencado, nacido del trabajo en el campo y estrechamente ligado a las labores de la trilla. Su ritmo sigue el tintineo de los cascabeles prendidos en los arreos de las caballerías y se entrelaza con las voces de los arrieros que acompañaban las faenas agrícolas, de donde toma su compás característico.
Es un estilo muy poco cantado en la actualidad, prácticamente ignorado por los cantaores profesionales, lo que lo convierte en uno de los palos más raros y menos documentados del repertorio flamenco.
Origen e historia
Los cantes de trilla forman parte del amplio grupo de cantes camperos o de labor que existieron en Andalucía antes de su incorporación formal al flamenco, entonados por los trabajadores del campo durante las faenas de recolección del cereal. Su origen es anterior a la propia configuración del flamenco como género artístico y hunde sus raíces en la tradición oral campesina, compartida por jornaleros de distintas comarcas andaluzas.
La trilla, faena consistente en separar el grano de la paja haciendo pasar el trillo tirado por caballerías sobre las mieses extendidas en la era, generaba un vaivén constante que el trabajador aprovechaba como base natural para su canto. Con el tiempo, algunos cantaores flamencos recogieron estas melodías camperas y las adaptaron al repertorio del cante, dándoles una forma más cercana al fandango o a otros palos libres, aunque conservando su carácter rústico y su vinculación con el mundo rural.
Hoy en día los cantes de trilla apenas se interpretan, y sobreviven sobre todo gracias a grabaciones antiguas y a algunos estudiosos que los han recuperado como testimonio etnográfico de una forma de vida agrícola ya prácticamente desaparecida en la Andalucía contemporánea.
Características musicales y compás
Se trata de un cante libre, sin sujeción a un compás flamenco fijo como el de la soleá o la bulería, ya que su pulsación original procedía del trote de las caballerías y del propio ritmo del trabajo agrícola en la era. El cascabeleo de los arreos marcaba una cadencia irregular pero reconocible que el cantaor seguía con la voz, prolongando los quejíos al estilo de otros cantes libres andaluces.
Tradicionalmente se cantaba a capella, sin acompañamiento de guitarra, como corresponde a un cante de trabajo nacido al aire libre y no en un contexto festivo o de reunión. Cuando se ha llevado al escenario, algunos intérpretes lo han acompañado de guitarra o lo han enlazado con fandangos, pero su esencia sigue siendo la de un cante melódicamente libre, de aire melancólico y marcado sabor rural.
Cantaores e intérpretes representativos
Al tratarse de un estilo campero de transmisión oral y escasa presencia en los escenarios flamencos, no existen figuras claramente asociadas a su desarrollo artístico como ocurre con otros palos del cante. Se conservan algunas grabaciones de cantaores tradicionales del siglo XX que recogieron cantes de trilla dentro de recopilaciones más amplias de folklore andaluz, pero no hay consenso sobre creadores o intérpretes de referencia dentro del cante flamenco profesional, y su práctica actual es prácticamente testimonial.
Relación con otros palos
Los cantes de trilla pertenecen a la familia de los cantes camperos o de labor, un grupo que agrupa también nanas, cantes de siega y otras melodías de trabajo agrícola anteriores a su aflamencamiento. Comparten con los fandangos y otros cantes libres la ausencia de un compás flamenco estricto, y su parentesco más cercano se encuentra en otros cantes de faena rural más que en los palos festeros o los más codificados del cante jondo.