Polos
Los polos forman pareja con la caña, uno de los cantes considerados madre del flamenco, y comparten con ella buena parte de su estructura, a la que se suman matices propios de la soleá. Su aparición como estilo flamenco se sitúa a principios del siglo XIX, en los primeros tiempos documentados del cante.
Su creación se atribuye al rondeño Tobalo, una figura temprana dentro de la historia del flamenco cuya autoría, aunque legendaria, ha quedado fijada en la tradición oral como origen de este palo.
Origen e historia
El polo pertenece al grupo de cantes más antiguos del flamenco documentado, situándose su aparición en los primeros años del siglo XIX, en el periodo en que el cante jondo empezaba a tomar forma como género diferenciado a partir de los cantes de tonás. La tradición oral atribuye su creación al rondeño Tobalo, uno de esos nombres legendarios de los orígenes del flamenco de los que apenas se conservan referencias más allá de la propia atribución del estilo.
Su estrecha relación con la caña —hasta el punto de considerarse casi un mismo cante con variaciones— sitúa al polo dentro del núcleo primitivo de los cantes básicos o “madre” del flamenco, aquellos de los que derivarían después estilos más elaborados. Con el paso del tiempo, el polo fue incorporando matices melódicos de la soleá, lo que revela el diálogo constante entre los distintos palos primitivos en su proceso de formación y decantación durante el siglo XIX.
Como ocurre con buena parte de los cantes de este periodo tan temprano, la información documental sobre su evolución concreta es escasa, y buena parte de lo que se sabe procede de la tradición oral transmitida entre generaciones de cantaores.
Características musicales y compás
El polo se canta a compás, generalmente en el mismo esquema rítmico que la caña, un compás de doce tiempos emparentado con el de la soleá, aunque con un carácter melódico propio que lo distingue de esta última. Su tonalidad y su desarrollo melismático reflejan la impronta de los cantes jondos más antiguos, con una expresividad grave y solemne.
Suele rematarse con una macho o cierre festero, un recurso habitual en los cantes de esta familia que aligera la tensión dramática del cuerpo principal del cante y sirve de transición hacia otros estilos dentro de una actuación.
Cantaores e intérpretes representativos
La figura fundacional que la tradición asocia al polo es Tobalo, el cantaor rondeño al que se atribuye su creación, aunque de él apenas han quedado referencias más allá de esa autoría legendaria, común a varios de los cantes más antiguos del flamenco. No se dispone de una nómina amplia y contrastada de intérpretes posteriores especializados en este palo, dada su condición de cante minoritario dentro del repertorio actual.
Relación con otros palos
El polo se integra en el grupo de las tonás, la gran familia de cantes primitivos sin acompañamiento original de guitarra de la que derivan, entre otros, la caña, la deblas y los martinetes. Su vínculo más estrecho es con la caña, con la que comparte estructura y compás, y en menor medida con la soleá, cuyos matices melódicos fue incorporando con el tiempo.