Romances
Los romances se cuentan entre los cantes posiblemente más primitivos de todo el flamenco. Se interpretan sin instrumentos musicales, en la línea de lo que también se conoce como corrido o corridas, y su origen se remonta a la tradición oral de los trovadores medievales, que los fueron conservando y transmitiendo de generación en generación mucho antes de que existiera el flamenco tal y como hoy se conoce.
La fuente consultada no recoge intérpretes concretos asociados a este estilo.
Origen e historia
El romance, como forma poético-musical, es muchísimo más antiguo que el flamenco: se trata de una composición narrativa en verso octosílabo con rima asonante en los versos pares, propia de la tradición oral castellana desde la Edad Media, cultivada por juglares y trovadores para relatar hazañas, historias de amor o sucesos memorables que se transmitían de pueblo en pueblo y de generación en generación. Este romancero viejo, junto al romancero nuevo posterior, constituye uno de los pilares de la literatura oral española.
Cuando el flamenco fue tomando forma como género en Andalucía, absorbió este material narrativo heredado y lo dotó de una entonación y un fraseo propios del cante jondo, dando lugar al romance flamenco o “corrido”, uno de los estilos que los estudiosos sitúan entre los más antiguos y elementales del género, anteriores incluso a la consolidación de palos como la soleá o la seguiriya en su forma actual. Su carácter narrativo, centrado en contar una historia de principio a fin, lo distingue de otros cantes flamencos más centrados en la expresión de un sentimiento puntual.
Características musicales y compás
El romance se canta sin acompañamiento instrumental y sin sujeción a un compás flamenco marcado, en la línea de los cantes a palo seco propios de los estilos más primitivos. Su interés musical reside en el fraseo recitativo, adaptado a la métrica del romance, que el cantaor va desgranando estrofa a estrofa siguiendo el hilo narrativo de la historia contada.
Esta ausencia de guitarra y de compás fijo lo emparenta directamente con otros cantes a palo seco del repertorio flamenco más antiguo, en los que la voz desnuda es la única protagonista y donde el melisma y el quejío sirven para subrayar los momentos de mayor intensidad del relato.
Cantaores e intérpretes representativos
No se dispone de datos contrastados sobre intérpretes concretos históricamente vinculados de forma destacada al romance dentro del flamenco. Se trata de un cante minoritario y de gran antigüedad, cultivado por especialistas en los estilos más primitivos y a palo seco, sin que exista una nómina de figuras de referencia tan definida como en otros palos más extendidos.
Relación con otros palos
El romance se incluye entre los cantes primitivos del flamenco, junto a otros estilos a palo seco como los martinetes, las tonás o las carceleras, con los que comparte la ausencia de guitarra y de compás fijo. Su naturaleza narrativa y su origen anterior al propio flamenco lo sitúan como uno de los eslabones más tempranos en la cadena de formación del cante jondo.