Diego del Gastor

¿Quién es Diego del Gastor?
Diego Amaya Flores, conocido como Diego del Gastor, nació el 15 de marzo de 1908 en Arriate (Málaga), en una familia con tradición guitarrística: su abuela, Anilla la de Ronda, ya tocaba la guitarra. Vivió desde niño en El Gastor (Cádiz), localidad que le daría el nombre artístico, hasta 1923, cuando se trasladó a Morón de la Frontera (Sevilla), donde desarrollaría el resto de su carrera y su vida.
Trayectoria
Se formó junto a su hermano Pepe Amaya y con José Naranjo Solís, dentro de la escuela que arrancaba de Paco el de Lucena, reconociendo también la huella de Niño Ricardo. El propio Diego relató que “empecé a estudiar música. Estudié la primera, la segunda y la tercera parte de solfeo”, y siempre reconoció que ese conocimiento teórico le sirvió considerablemente en su desarrollo como guitarrista. Instalado en Morón, su carrera transcurrió sobre todo en reuniones privadas o “cabales”, con pocas actuaciones públicas o televisivas, y se convirtió en el acompañante de referencia de figuras como Fernanda y Bernarda de Utrera, Antonio Mairena, Juan Talega, Perrate o Joselero. Participó en la antología “Archivo del cante flamenco” y puso música al programa de televisión “Rito y geografía del flamenco”.
Estilo y discografía
Renunció conscientemente al virtuosismo moderno en favor de un toque “a cuerda pelá”, centrado en el pulgar y las cuerdas graves, de fidelidad casi religiosa al compás y de una expresión más primitiva y esencial que muchos aficionados describen como poseedora de más alma y más duende que la de otros guitarristas de su tiempo. Ese estilo austero y personal lo convirtió en el creador reconocido de la llamada “Escuela de toque de Morón”, una de las corrientes más influyentes del flamenco del siglo XX.
Legado
En 1973, el mismo año de su muerte en Morón de la Frontera, recibió el Premio Nacional de Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez. Al año siguiente, la ciudad le dedicó una calle y le erigió un busto conmemorativo, obra de Juan B. Britto. Su influencia se extendió mucho más allá de Andalucía, alimentando escuelas de aficionados y estudiosos del toque flamenco en Japón, Nueva York y California.