Parrilla de Jerez
¿Quién es Parrilla de Jerez?
Manuel Fernández Molina, conocido artísticamente como Parrilla de Jerez, nació el 21 de septiembre de 1945 en la calle Campana de Jerez de la Frontera, en el seno de una de las familias con más solera del cante y el toque jerezano: hijo de Manuel Fernández Moreno, “Tío Parrilla”, nieto de Juanichi el Manijero, hermano de la bailaora Ana Parrilla y del guitarrista Juan Parrilla, y emparentado con la saga de los Frijones. Empezó a estudiar guitarra a los doce años con su propio padre y con Rafael del Águila, dentro de la escuela jerezana que marcaría todo su toque, y con apenas trece años ya se dedicaba profesionalmente al instrumento.
Trayectoria
Debutó en la Feria de Sevilla en 1959 y, a partir de ahí, construyó una carrera ligada sobre todo al acompañamiento: fue guitarrista de La Paquera de Jerez durante tres décadas y tocó para figuras como Tío Borrico, Terremoto, Sordera, Antonio Mairena, Manuel Agujetas, Enrique Morente, Chocolate o Lola Flores. Trabajó en tablaos de referencia como la Cueva del Pájaro Azul en Cádiz, o Los Canasteros y El Duende en Madrid, y en 1985 realizó una gira por Sudamérica. Se le recuerda especialmente por su forma de rematar la bulería, la célebre “vueltecita” que llevaba su sello, así como por haber compuesto marchas procesionales y contribuido a recuperar el folclore navideño jerezano.
Estilo y discografía
Como solista publicó “Antología de las bulerías” (1975), “Capricho de Bohemias” (1986), “Jondura” (1996) y “Nostalgia” (1999), discos que reflejan un toque hondo y muy apegado a las formas tradicionales de Jerez, pensado ante todo para servir al cante más que para el lucimiento personal.
Legado
Su trabajo fue reconocido con el Premio Nacional de Guitarra de la Cátedra de Flamencología de Jerez en 1973, el primer premio del I Concurso Nacional de Guitarra Flamenca de Extremadura en 1987, el Giraldillo de la Bienal de Sevilla en 1990 y el Zipa de Oro colombiano en 1985. Murió en Jerez el 6 de junio de 2009, a los 64 años, dejando una huella profunda en la escuela jerezana como uno de sus acompañantes más fieles y respetados.