Los apodos más curiosos del flamenco y de dónde vienen
Por qué el flamenco está lleno de apodos
Casi ningún aficionado al flamenco llama a sus artistas favoritos por su nombre y apellidos completos. Se habla de Camarón, de Tomatito, de Sabicas, de Farruco o de la Paquera, casi nunca de José Monge Cruz, José Fernández Torres, Agustín Castellón, Antonio Montoya o Francisca Méndez. Esta costumbre no es casual: el flamenco nació y se desarrolló durante generaciones dentro de familias, barrios y gremios muy concretos —muchos de ellos gitanos— donde el mote servía para identificar a cada persona dentro de una red de parentescos y oficios compartidos, a menudo heredando el apodo de un padre, una madre o un abuelo antes incluso de subirse nunca a un escenario. Detrás de cada uno de estos nombres artísticos hay casi siempre una historia concreta, contada muchas veces por el propio artista o su familia, que merece la pena conocer con precisión y sin inventarse etimologías de andar por casa.
Camarón de la Isla: el niño rubio y delgado
José Monge Cruz, “Camarón de la Isla” (San Fernando, Cádiz, 1950-1992), recibió su apodo durante la infancia de manos de un tío suyo llamado José, que lo bautizó así por su delgadez, su piel blanca y su pelo rubio, un aspecto que en opinión de su tío recordaba al de este marisco. San Fernando, su ciudad natal, se asienta sobre la Isla de León, de ahí el “de la Isla” que él mismo añadió después a su nombre artístico para completarlo con una referencia geográfica, siguiendo una costumbre muy extendida entre cantaores y guitarristas de identificarse también con su lugar de origen.
Tomatito: el tomate pequeño de una saga de guitarristas
José Fernández Torres, “Tomatito” (Almería, 1958), no inventó su apodo: lo heredó directamente de la familia. Su padre, José Fernández Castro, era conocido como “el Tomate”, y antes que él ya lo había sido su abuelo, Miguel Fernández Cortés, también guitarrista habitual de las fiestas flamencas de principios del siglo XX. Cuando el pequeño José empezó a tocar la guitarra, a los diez años, el diminutivo resultó tan lógico como inevitable: si su padre era “el Tomate”, él, más joven y más pequeño, pasó a ser “Tomatito”.
Paco de Lucía: el hijo que llevó el nombre de su madre
Francisco Sánchez Gómez, “Paco de Lucía” (Algeciras, 1947 - México, 2014), tomó su nombre artístico no de un mote callejero sino de un homenaje familiar. Su madre, Lucía Gomes Gonçalves, era de origen portugués, del Algarve, y tanto Paco como su hermano Pepe adoptaron la costumbre andaluza de identificarse añadiendo el nombre materno al propio: “Paco, el de Lucía”. Con el tiempo esa fórmula, pensada para distinguirlo de otros Pacos del entorno, se convirtió en el nombre con el que lo conoce el mundo entero.
Sabicas: las habas de la infancia
Agustín Castellón Campos, “Sabicas” (Pamplona, 1912-1990), contaba él mismo el origen de su apodo: de niño, cuando la criada de la familia volvía de la compra, él metía la mano en la cesta y sacaba las habas para comérselas con cáscara y todo. Por esa costumbre infantil empezaron a llamarle “el niño de las habicas”, expresión que con el tiempo fue perdiendo la hache hasta convertirse en “Sabicas”, el nombre con el que después llevó la guitarra flamenca a escenarios de medio mundo desde su exilio en Nueva York.
Niño Ricardo: el nombre heredado del padre guitarrista
Manuel Serrapí Sánchez, “Niño Ricardo” (Sevilla, 1904-1972), tomó su apodo de su propio padre, Ricardo Serrapí Torres, también guitarrista. Antes de asentarse como “Niño Ricardo” había tocado siendo muy joven bajo el nombre de “Manolo el Carbonero”, en referencia al oficio con el que se ganaba entonces la vida mientras aprendía el instrumento. El “Niño” del apodo definitivo remite justamente a esa condición de hijo y heredero artístico de Ricardo Serrapí, patrón habitual en el flamenco cuando el oficio pasaba de padres a hijos.
Farruco: el apellido artístico de una saga de bailaores
Antonio Montoya Flores, “El Farruco” (Sevilla, 1935-1997), heredó su nombre artístico de su madre, la bailaora conocida como “La Farruca”. El femenino “Farruca” pasó a masculino “Farruco” al aplicarse a su hijo, y con él se fundó una de las sagas de baile gitano más importantes del flamenco contemporáneo, cuyo apellido artístico siguen llevando descendientes como Farruquito.
La Paquera de Jerez: de Paquerita a nombre artístico
Francisca Méndez Garrido, “La Paquera de Jerez” (Jerez de la Frontera, 1934-2004), debe su apodo a su propio abuelo, que de niña la llamaba cariñosamente “Paquerita”. Ese diminutivo familiar fue evolucionando con los años hasta quedar en “la Paquera”, y cuando ya era una cantaora profesional lo registró como nombre artístico añadiéndole el “de Jerez” que la identificaba con su ciudad, siguiendo la misma costumbre geográfica que Camarón de la Isla.
Diego El Cigala: un mote sobre las tablas
Ramón Jiménez Salazar, “Diego El Cigala” (Madrid, 1968), recibió su apodo de niño de manos de los hermanos Losada, guitarristas del entorno flamenco madrileño en el que se crió, que según cuenta el propio artista lo compararon con una cigala por su inquietud y su forma de no parar quieto sobre el escenario. Existen otras versiones que circulan sobre el origen del mote —alguna lo atribuye directamente a Camarón, otra a su delgadez—, pero la que el propio Cigala ha contado en entrevistas es la de los hermanos Losada, y es la que suele considerarse más fiable por venir de primera mano.
Un lenguaje propio que sigue vivo
Lo que tienen en común todos estos apodos, más allá de la anécdota concreta de cada uno, es que casi ninguno fue elegido de forma calculada por un departamento de márketing: nacieron en la calle, en la familia o en el gremio, mucho antes de que sus dueños se convirtieran en figuras reconocidas, y se quedaron pegados a ellos para siempre. Esta forma de nombrar sigue absolutamente viva hoy en el flamenco, donde artistas jóvenes siguen recibiendo motes heredados de padres y abuelos o forjados en peñas y tablaos, prueba de que el apodo, en este arte, no es un capricho sino una forma más de pertenecer a una tradición y a una familia.
Para seguir leyendo
- Si estos apodos te han despertado la curiosidad por las grandes sagas familiares del flamenco, Sagas familiares del flamenco: los Habichuela, los Montoya, los Farruco profundiza en cómo se transmiten apellidos y apodos artísticos de generación en generación.
- Para escuchar la voz detrás de uno de los apodos más universales del flamenco, Los mejores discos de Camarón de la Isla es un buen punto de partida.
- Y para seguir el hilo de la guitarra desde Sabicas y Niño Ricardo hasta hoy, Los mejores discos de Tomatito y Los mejores discos de Diego el Cigala completan el recorrido.